martes, 16 de marzo de 2010

Pan tostado y café con leche

Al comienzo de la carrera, estudiaba en casa de una compañera y en las mañanas antes del examen nos ofrecían un desayuno, el cual era generalmente pan tostado y café con leche (o es el que más recuerdo). Recuerdo haber estudiado bioquímica, matemática, química y física en esa casa, donde siempre olía a hogar a familia, también en esa casa, estudiando química orgánica recibí la noticia de que mi viejo había muerto, con el tiempo lo extraño cada día más.

En esos tiempos vivía presa del terror, solía estar tan asustada por todo: la calle, la gente, la universidad… en respuesta siempre tenía cara de pocos amigos. No sé por qué, pero sólo el hecho de tomar un carrito o ir en el metro me hacia estar aterrada, el corazón me latía frenético, las manos me sudaban y si mis recuerdos no me engañan juraría que la imagen del mundo que me rodeaba se deformaba. Esa misma sensación la sentía cuando tenía que preguntar algo en clase, razón por la cual casi nunca pregunté nada; cuando tenía que comprar en la panadería o simplemente cuando hablaba con los compañeros de clase. Los días de examen el terror se trasformaba en pánico y a las sensaciones que lo acompañaban se le sumaba un dolor en manos y piernas, nunca olvidaré el mareo y las náuseas con las que llegaba a presentar, sobre todo cuando estudiaba en casa de mi amiga y tenía que comer el desayuno, que tan amablemente me ofrecían y el cual yo por pena no rechazaba.

Desde entonces ha pasado mucho tiempo y pensé que eso era etapa superada, pero nuevamente fui embargada por el pánico. No entiendo el por qué y hasta pienso que no se parece a mí esa persona asustada e insegura en la que me transformo. Es como el Doctor Jekyll y Mister Hyde, pero en este caso Mister Hyde es como un perro apaleado y asustado, claro está que, eso enfurece al Doctor Jekyll. Dicen que lo mejor para perder el miedo es enfrentarlo, pues bueno, nuevamente lo enfrentaré, para tomar en paz el pan tostado con café con leche en el desayuno.

PD: Gracias a la familia González Luna, quienes me acogieron tantas veces en su hogar y a quienes recuerdo con mucho cariño.

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